Beber sin esperar a la sed

Con el sol y el calor sudamos más y, consecuentemente, la pérdida de líquidos se incrementa. Si a esto se le añade que cuanto más liquido se pierde, más disminuye la capacidad del organismo para regular la temperatura, se entiende lo fundamental que resulta reponer ese agua. Pero no debemos esperar a sentir sed para tomar agua: la boca seca ya es síntoma de deshidratación, y el instinto de beber se pierde con la deshidratación progresiva. Por ello, no hay que confiar en la sed y conviene beber regularmente de 8 a 10 vasos a lo largo del día. Y cuanto más humedad, mayor cantidad de agua ingeriremos. Calor, humedad y ejercicio físico son las condiciones idóneas para que aparezca un cuadro de deshidratación. Una pérdida del 2% del agua corporal supone la pérdida del 20% de la energía física, el agotamiento se acelera con la pérdida de líquido y cuando se pierde el 20% del agua del organismo se eleva el riesgo de sufrir complicaciones graves.
Pero aparte del sol, el calor y el ejercicio, otras circunstancias requieren el aporte extraordinario de líquidos: la fiebre, y, especialmente, la diarrea y los vómitos, cuya incidencia aumenta en verano a causa de las gastroentiritis, más frecuentes en esta época del año.

El Ultimátum Evolutivo

Corto realizado por Pablo Llorens para SETEM Comunitat Valenciana.
El dilema entre «Homo consumus» y «Homo responsabilus» analizado por el Prof. Setemius desde su programa «Grandes Documentales Marcianos».
¡¡¡No seas Homo consumus!!! ¡¡¡Evoluciona!!!

http://www.setemcv.org

La biodiversidad mejora la calidad del agua.

Un estudio estadounidense demuestra que los arroyos ricos en biodiversidad tienen más facilidad para filtrar los contaminantes de nutrientes de sus aguas que aquellos en los que el número de especies es más limitado.

Según la publicación, el reparto de las funciones entre la diversidad de organismos que conviven en un mismo hábitat convierte el arroyo en una ‘esponja’ con mayor capacidad de absorción.»La diversidad de un hábitat natural permite limpiar los contaminantes que se liberan en el medioambiente, por lo que la pérdida de la biodiversidad, causada por la extinción de especies, podría poner en peligro la capacidad del planeta para limpiar lo que el ser humano ensucia», explica Bradley Cardinale, autor del estudio y profesor de la Universidad de Michigan (Estados Unidos).

Cardinale analizó 150 modelos variados de arroyos en miniatura que simulaban arroyos naturales. En cada uno, cultivó entre una y ocho especies de algas -diatomeas y verdes- y midió la capacidad de cada comunidad de algas para absorber el nitrato, un compuesto de nitrógeno que contamina los nutrientes del agua. Los resultados mostraron que cuanta más riqueza de especies había en el arroyo, más nitratos se absorbían: ocho algas eliminaron nitrato a una velocidad 4,5 veces superior a la que lo logró una sola.

El reparto de las funciones ecológicas (nichos) de cada especie dentro de un mismo entorno hace que los arroyos ricos en biodiversidad filtren mejor los contaminantes. Los experimentos mostraron que cada especie de alga se adaptó a una zona particular de su hábitat y lo convirtió en su nicho ecológico.

Cuantas más algas se añadieron, más zona de hábitat se usó, lo que contribuyó a que los arroyos se convirtieran en ‘esponjas’ con mayor capacidad de absorción y almacenamiento de nitratos. El nitrato es un compuesto presente en muchos abonos y en los terrenos agrícolas, cuyas partículas se extienden a arroyos, lagos y zonas costeras, por lo que se convierte en una de las principales causas de la degradación de la calidad del agua en todo el mundo.

 

Visto en http://www.fundacionentorno.org/