Grifos – Save Water –

Save Water Imagen de http://payamezenderood.com

Grifos

Son equipos que se colocan de forma fácil en los grifos, desenroscando el pequeño filtro que llevan y sustituyéndolo por el perlizador deseado. Todos ellos tienen la capacidad de producir un suave chorro de agua gasificado, con sensación muy placentera y ahorran de forma general más de un 50% de agua. A la hora de escoger el tipo de rosca, fíjese bien si el equipo que precisa debe ser de rosca externa (macho) o interna (hembra). Para ello puede Vd. observar el elemento a sacar de su grifo (el 80% de las griferías precisan perlizadores macho).

perlizador

Perlizador fijo (baños)

De diseño especial para adaptarse a cualquier sistema estándar con roscas internas de 24, o externas de 22. De fácil sustitución y mínimo mantenimiento. Produce un suave y agradable chorro de agua gasificado con una sensación muy placentera de hidro-masaje, aparentando salir más agua y con más presión que con los sistemas tradicionales. Con sistema anti-Cal y acabado en latón cromado. Es autolimpiable y elimina por sí mismo los bloqueos causados por la cal.

giratorio
Perlizador giratorio orientable de dos posiciones (cocinas)

Eyector Perlizador con cabezal giratorio para dirigir el agua cómodamente a todos los rincones.
Diseñado especialmente para fregaderos, cocinas y zonas de limpieza, (es muy apreciado en restaurantes y cafeterías por su versatilidad y facilidad de manejo).
Adaptable a roscas internas de 22 (Macho) o externas de 24 (Hembra), gracias al doble adaptador que incluye, de fácil substitución.
Produce un suave y agradable chorro de agua gasificado con una sensación muy placentera de hidro-masaje, aparentando salir más agua y con más presión que con los sistemas tradicionales.
Actuando sobre su cabezal ofrece la posibilidad de suministrar el agua con forma de lluvia de múltiples chorros ecológicos, ideales para el lavado de frutas, verduras consumiendo mucha menos agua que la habitual.

La calidad del agua

Aunque cada vez son más los municipios que son deficitarios en agua potable debido a la contaminación de los acuíferos que les suministran, afortunadamente en la mayoría de nuestros hogares disponemos de agua apta para el consumo humano.

Es conveniente aquí, diferenciar dos tipos de agua esencialmente distintas en
cuanto a su uso final. El agua de boca, cuyo destino es la ingesta por parte de
los usuarios y donde lo que está en juego es la salud de los mismos, y el agua
sanitaria, que se empleará en hogares, industrias, riego, etc. para distintos
usos. En el primer caso pueden bastar unos pocos litros por persona y día,
mientras que en el segundo son un par de centenares lo que se suele consumir
como mínimo. Además, dado que son muchas las posibles procedencias del
agua, encontramos frecuentemente que ésta puede llegar con exceso de cal,
hierro, etc. lo que requiere tratamientos específicos que no vamos a entrar a
comentar. Junto con estas dos calidades de agua mencionadas, deberíamos hablar
también de la reutilización de agua para fines ornamentales o de riego
municipal, que requerirían otro tratamiento que excede el enfoque de esta
ponencia.

Asimismo, existen cada vez más informaciones, a menudo controvertidas,
sobre la calidad energética del agua. Mucho es lo que se habla estos días de
ella, habiendo un centenar de equipos disponibles en el mercado internacional
que aseguran ser capaces de energetizar, dinamizar, vitalizar, etc. el agua.
Creemos firmemente en la necesidad de investigaciones realmente
independientes que verifiquen la bondad de estos equipos y estudien el agua y
sus influencias bajo este enfoque. La precariedad de estos estudios
independientes que están aún en fases iniciales, dificulta enormemente el
poder hablar de este fenómeno con propiedad. Nos referiremos pues a partir de
ahora a la calidad del agua en términos exclusivamente físicos y
convencionales.

A nivel municipal, en función del peso específico del municipio y siempre
referido al criterio de agua apta o no apta para el consumo humano según la
legislación vigente, pueden llevarse a cabo distintas tipos de actuación.
Frecuentemente en municipios pequeños, el margen de maniobra es
relativamente escaso, dado que no depende de ellos directamente la
responsabilidad sobre el suministro. En coordinación con otros municipios se
puede actuar más fácilmente y parece la opción más viable hoy día. Otras
alternativas, como poner instalaciones para albergar sistemas industriales de
depuración a disposición de sus ciudadanos, para facilitarles el acceso de agua
potable -municipios en que la calidad del agua ha dejado de ser apta para el
consumo humano- son hoy por hoy poco frecuentes y hasta cierto punto
ilegales según la normativa vigente. Hay que tener en cuenta sin embargo, que
la presión popular sobre la clase política está aumentando día a día en este
sentido y veremos lo que nos depara el futuro.

A nivel particular,
varias son las tecnologías empleadas en todo el mundo
para mejorar la calidad del agua de ingesta o de boca, no para potabilizarla.
Principalmente tres, teniendo todas ellas sus ventajas e inconvenientes.

Los filtros de carbón activo, con o sin substancias que evitan la proliferación
bacteriana, son una buena elección, si lo que se pretende
es eliminar el cloro disuelto en el agua -que nos ha
garantizado la calidad bacteriológica de la misma hasta
nuestro domicilio- y algún que otro contaminante concreto
para lo que sean adecuados. La literatura comercial
exagera a menudo la capacidad de retención de estos
contaminantes por los filtros domésticos. El carbón al tener
una gran porosidad interior, posee una gran superficie de
contacto con el agua, lo que le permite por un mecanismo de adsorción retener
partículas en suspensión y algunas substancias disueltas en el agua. Son
baratos, fáciles de cambiar y por tanto de mantener.

Están a disposición del público en formato de jarras, muy baratas y de fácil
adquisición en grandes almacenes. Otra forma de
presentación, habitualmente mucho más
efectiva, es en forma de contenedores que en
su interior contienen el filtro propiamente
dicho. Se conectan, o bien debajo de la
fregadera con un grifo suplementario, o bien sobre la encimera con un kit que
ya dispone de un pequeño grifo adicional, conectándose en este caso a través
de un pequeño tubo terminado en rosca al grifo habitual de la cocina.

También existen modelos más pequeños de filtros de
carbón activado que se roscan en la grifería del baño, justo
antes del tubo del teléfono, permitiendo eliminar olores,
algunos contaminantes y cloro. Son útiles para preservar el
olfato, la piel e incluso los pulmones, dado que la
micronización que se produce en el baño, permite que
muchos gases disueltos se puedan inhalar.

La ósmosis inversa es una de las aplicaciones del proceso natural que tienen
las membranas semipermeables de permitir el paso del agua a través de ellas y
hacerlo en la dirección de equilibrar la concentración de
solutos en ambos lados de la membrana. Invirtiendo el
proceso, es decir, aplicando la propia presión de la red
sobre la membrana, el agua atraviesa ésta dejando atrás
contaminantes disueltos que van directamente al desagüe –
junto con unos cuantos litros de agua-. Este consumo de
agua -habitualmente no inferior a tres litros para conseguir
uno de agua osmotizada, aunque puede ser muy superior
dependiendo de la calidad de los equipos- parece
escandaloso en un principio. Visto más detenidamente no
lo es tanto. El agua llamada de rechazo, puede reutilizarse para riego,
inodoros, etc. Pero además, si lo comparamos con el consumo habitual de
agua sanitaria (200-250 litros de agua persona y día) el hecho de “tirar” 10 ó 12
litros para tener agua más saludable y fácilmente compensable con cualquier
sistema ahorrador o hábitos más razonables, lo convierte al menos en más
relativo.

Se instalan debajo de la fregadera, con un pequeño depósito
de acumulación presurizado que envía el agua a un grifo
adicional instalado al lado del habitual. Existen también grifos
de tres vías, que se instalan en vez del convencional de dos
vías (fría-caliente) llevando en este caso un monomando
adicional que acciona la salida del agua osmotizada para
beber, cocinar o lavar frutas, verduras, etc.)

Los filtros que acompañan a la membrana deben reemplazarse una vez al año, siendo de coste moderado y la membrana osmótica propiamente dicha – bastante más cara- cada 3-5 años en función de varias variables, entre ellas la capacidad de la propia membrana (existen habitualmente de 35, 50 y 75 g.p.d. o galones por día). Su eficiencia en eliminación de substancias disueltas en el agua, está alrededor del 90-98% de media, aunque comercialmente estos datos se muestran muy exagerados, especialmente en lo que se refiere a la capacidad de eliminación de nitratos.

La depuración al vapor o destilación, es la tecnología más antigua –ya se tiene constancia de ella en tiempos de los romanos- y es la más eficiente en cuanto a la capacidad de remover del agua cualquier substancia disuelta en ella. Consiste básicamente en evaporar la misma, dejando atrás los residuos que llevara y volver a enfriar el vapor para obtener de nuevo el agua en forma líquida. Después de la destilación se retienen con un mínimo filtro de carbón los posibles gases volátiles que hubieran podido ser arrastrados por el vapor de agua. En este caso no se pierde agua, aunque el consumo energético habitualmente en forma de electricidad para el proceso está alrededor de los 5 ó 6 céntimos por litro. El mantenimiento es nulo en cuanto a coste posterior por técnicos externos, ya que el propio usuario realiza la limpieza del recipiente donde quedan los residuos que llevaba el agua. Esta tecnología, aunque ampliamente difundida hace años en Estados Unidos -antes de la filtración por ósmosis- y otros países
como China, etc. ha tenido poca repercusión en Europa. El motivo estriba en que cuando llegó a este continente la cultura del agua depurada, la tecnología de la ósmosis inversa ya estaba en su auge, y la comodidad que representó al implicar sólo un mantenimiento anual y el tener agua a presión en la fregadera, la desbancó comercialmente. Además, la mala prensa del agua denominada erróneamente “destilada” empleada para planchas y baterías, de lo que realmente es agua desionizada (químicamente pura pero sin control bacteriológico y por tanto no apta para el consumo humano) ha hecho prácticamente desaparecer esta tecnología del gran consumo. De hecho ha quedado reservada en España para unos pocos que priman la pureza del agua por encima de otras variables.